jueves, 30 de octubre de 2008

MATAR POR MATAR OBJETIVO UNIFORMADOS


Es indudable que de todos los delitos corrientes, el mas temido es el asesinato.

Pero, exceptuando los preterintencionales, existen atenuantes y agravantes.
Entre los primeros podemos incluir aquellos que se efectúan bajo tensiones o emociones violentas y/o en el cumplimiento del deber, ya sea militar o de seguridad.
Pero los que nos preocupan son aquellos que son consecuencia del dolo o intencionales.

Asesinatos a manos de delincuentes

Hoy, se cometen más homicidios que en el pasado inmediato. Si bien la cantidad de ilícitos ha crecido, lo que ha aumentado es la ferocidad, y los desenlaces del delito seguido de muerte.
Existe una nueva subcultura de la muerte, entre los ”nuevos delincuentes”, que se autodenominan “jugados”.


Una vida miserable en condiciones casi infrahumanas del asentamiento, les quita perspectivas de una mejor calidad de vida. En lo más profundo de sus convicciones, lindando con el inconsciente, saben que la droga los acerca a un desenlace fatal que los privará de la vejez.

El fantasma del Sida, presuntamente adquirido en la prisión, en violaciones o prácticas homosexuales, los llevó a firmar un pagaré a cinco años vista. El efecto de simulación motor de la actividad sociológica, solo les facilita un factor de superación entre sus pares, que pasa por el efímero reconocimiento de pasar a ser un “poronga” nuevo apelativo en reemplazo del antiguo “pesado” nacido de portar una pistola 11,25 (por su peso).


Gozar de los favores sexuales obtenidos por dinero o regalos de categoría obtenidos en sus fechorías. Cada noche en un aguantadero es más oneroso que un hotel de 5 estrellas.
Antaño el asesinato de un policía, era prácticamente una sentencia de muerte. El desenlace fatal en un ilícito era una situación no deseada, y cuando ese era el corolario, hasta estaba acuñada la frase “se disgració”. Hoy practican tiro al blanco con los uniformados. El caso del Gendarme asesinado en Fuerte Apache nos es el único, hubo muchos anteriores.


Siempre existieron homicidios y asesinatos, pero el regodearse con la muerte estaba limitado a escasos enfermos mentales, como el “petiso orejudo” o el “ángel de la muerte”. Ajustes de cuentas entre maleantes, podían llevarlos a casos de torturas, pero pasaba más por el ensañamiento de la multiplicidad de heridas mortales o el apaleamiento previo a la muerte.


Hoy existen varios tipos de ensañamiento previo, desde las torturas con quemaduras de cigarrillo, violación “aún homosexual” y el más común psicológico. El conocido “bardeo”, conocido por múltiples recopilaciones parciales, dado que resulta casi imposible reconstruir el monólogo del atacante por parte de un solo agredido, que bajo los efectos de la situación solo trata de olvidar los momentos pasados.


Es casi idéntico el discurso, en el cual muestra todo el resentimiento social, su propia segregación, su identificación con un grupo diferente y hasta su orgullo por pertenecer a una casta de elegidos. Obliga a su víctima a reconocer la culpa de su desgracia. Desafía a toda la sociedad con su actitud, trata de degradar a su nivel a su rehén transitorio.


El terror es su principal arma. El brazo armado de la sociedad, las fuerzas de seguridad se han transformado en su principal enemigo, ya que puede responderle con su mismo lenguaje, “la muerte”.

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